oye, al final de qué se trata esto.
todos los motores de mi vida
son frágiles, de huesitos delgados.
romperlos no me cuesta ni un esfuerzo,
de hecho
lo hago sin querer.
y esto no es una solución, me plantea más preguntas.
escribir no sirve para nada pero qué va, igual no me queda otra.
entonces surgen más cosas
memorias
quizás ya me llené, pero no logro sentirlo
cómo vivir lleno? para qué vivir si no falta nada?
además eso es imposible, me digo.
quién sabe quizás siempre estuve completito realizado.
y estoy caminando no más, como dijo el chino del libro.
ignacio se mira la panza, pero sobre todo el pequeño agujero en el centro. lo inspecciona y se da cuenta de que el ombligo sigue eternamente hacia adentro, cada vez más lleno de pelusas. se saca una, la mira un rato, la estudia. he aquí los apuntes de aquel ferviente estudioso de las pelusas umbilicales.
lunes, abril 14, 2008
domingo, abril 06, 2008
bruma de mediodía
lo de la hora ya no importaba tanto, más me preocupaban el calor y la modorra y el recuerdo inevitable de Javiera.
era una típica tarde de domingo, o mañana quizás, de esas que son siempre iguales, donde nunca pasa nadie y las horas pasan silenciosas, subterráneas, como siguiendo un ritmo más allá del tiempo. el calor húmedo me pegaba la camiseta al cuerpo, no había brisa, el aire estaba estancado y así estaba yo también, inmóvil en mi mecedora y concentrado en mis pensamientos. pensaba en la rutina del día siguiente, habían muchas cosas que no había hecho y el lunes se avecinaba como un compromiso pospuesto que no demoraría en sacarme de la calma. de la calma de un domingo caluroso y sin tiempo.
al despertar había mirado la hora y eran las 12 y cuarto. salí al jardín a pesar del calor, vi al cielo completamente despejado y al sol coronándolo en el centro. volví a entrar a la casa, tosté pan y me serví un vaso de leche, me llevé el desayuno a la cama y prendí el televisor. tenía sueño y no tardé en quedarme dormido otra vez. soñé con una mujer de campo, que salía por una de esas puertas que a veces hay en los segundos pisos de los galpones, y que siempre me llamaron la atención por lo misterioso de su motivo, ya que naturalmente no tenía sentido una puerta que diera al aire. en el sueño la mujer se asomaba por esta puerta y caminaba tranquilamente por el aire, si hasta saludaba, como si nada. desperté con la sensación de que mientras dormía, algo se me había perdido.
al despertar miré la hora y eran las 11:47. al principio me llamó la atención, cómo podía ser. pensé que estaba perturbado por el sueño, o el calor, y que miré mal la hora o algo, también pensé que podría ser una de esos cambios de hora a los que nunca estaba atento y que siempre me traían sobresaltos, pero preferí no tomarle mucha atención porque era demasiado extraño como para no tener una razón evidente que no habría de demorar en notar. decidí salir al jardín a ver el día, estaba caluroso, y me imaginé en un desierto o alguna isla caribeña, o algún pueblo en el centro de chile, de esos calurosos donde todos los días son domingo y el tiempo pareciera no pasar. qué día. pero ya me había acostumbrado, desde que Javiera se había ido que las tardes solo no me molestaban y la televisión era mi gran compañera. me había acostumbrado a que el tiempo pasara lento y caluroso y a veces pareciera detenerse.
es preferible no ponerle mucha atención al tiempo, dicen que mientras uno más se concentra en él, más demora en pasar. mañana es lunes, o debería serlo; debería volver a la rutina, volver los días todos iguales, más iguales ahora sin Javiera. sin su frescura, su sonrisa como un vaso de agua que me despertaba de la flojera y el sueño, de la monotonía de los domingos calurosos e interminables y los días todos iguales, en infinito mediodía.
era una típica tarde de domingo, o mañana quizás, de esas que son siempre iguales, donde nunca pasa nadie y las horas pasan silenciosas, subterráneas, como siguiendo un ritmo más allá del tiempo. el calor húmedo me pegaba la camiseta al cuerpo, no había brisa, el aire estaba estancado y así estaba yo también, inmóvil en mi mecedora y concentrado en mis pensamientos. pensaba en la rutina del día siguiente, habían muchas cosas que no había hecho y el lunes se avecinaba como un compromiso pospuesto que no demoraría en sacarme de la calma. de la calma de un domingo caluroso y sin tiempo.
al despertar había mirado la hora y eran las 12 y cuarto. salí al jardín a pesar del calor, vi al cielo completamente despejado y al sol coronándolo en el centro. volví a entrar a la casa, tosté pan y me serví un vaso de leche, me llevé el desayuno a la cama y prendí el televisor. tenía sueño y no tardé en quedarme dormido otra vez. soñé con una mujer de campo, que salía por una de esas puertas que a veces hay en los segundos pisos de los galpones, y que siempre me llamaron la atención por lo misterioso de su motivo, ya que naturalmente no tenía sentido una puerta que diera al aire. en el sueño la mujer se asomaba por esta puerta y caminaba tranquilamente por el aire, si hasta saludaba, como si nada. desperté con la sensación de que mientras dormía, algo se me había perdido.
al despertar miré la hora y eran las 11:47. al principio me llamó la atención, cómo podía ser. pensé que estaba perturbado por el sueño, o el calor, y que miré mal la hora o algo, también pensé que podría ser una de esos cambios de hora a los que nunca estaba atento y que siempre me traían sobresaltos, pero preferí no tomarle mucha atención porque era demasiado extraño como para no tener una razón evidente que no habría de demorar en notar. decidí salir al jardín a ver el día, estaba caluroso, y me imaginé en un desierto o alguna isla caribeña, o algún pueblo en el centro de chile, de esos calurosos donde todos los días son domingo y el tiempo pareciera no pasar. qué día. pero ya me había acostumbrado, desde que Javiera se había ido que las tardes solo no me molestaban y la televisión era mi gran compañera. me había acostumbrado a que el tiempo pasara lento y caluroso y a veces pareciera detenerse.
es preferible no ponerle mucha atención al tiempo, dicen que mientras uno más se concentra en él, más demora en pasar. mañana es lunes, o debería serlo; debería volver a la rutina, volver los días todos iguales, más iguales ahora sin Javiera. sin su frescura, su sonrisa como un vaso de agua que me despertaba de la flojera y el sueño, de la monotonía de los domingos calurosos e interminables y los días todos iguales, en infinito mediodía.
miércoles, marzo 26, 2008
altitudes y latitudes.
sin quererlo vuelvo a ti, iba a escribir
la frase que empieza cada texto
la frase qeu inventé para complacerme quizás
la frase que insiste en ser y querer ser verdad
quizas ni siquiera pienso tanto en ella
quizás ni de menos la echo cuando no quiero.
pero me siento distante del mundo, del amor, como si ella fuera el amor
y no haya amor más allá de sus paredes de sus risas
quizás ni siquiera quiera escribir un poema con estas palabras manoseadas parloteadas
con las mismas penas de siempre el mismo discurso que se repite al infinito
quizás ya me cansé
de la panchi
de la poesía
la frase que empieza cada texto
la frase qeu inventé para complacerme quizás
la frase que insiste en ser y querer ser verdad
quizas ni siquiera pienso tanto en ella
quizás ni de menos la echo cuando no quiero.
pero me siento distante del mundo, del amor, como si ella fuera el amor
y no haya amor más allá de sus paredes de sus risas
quizás ni siquiera quiera escribir un poema con estas palabras manoseadas parloteadas
con las mismas penas de siempre el mismo discurso que se repite al infinito
quizás ya me cansé
de la panchi
de la poesía
domingo, marzo 23, 2008
tibio olor a sudor y a miel
olor a semen, sensación de vacío.
y después de todo igual te echo de menos. a pesar de la quietud, a pesar de la sensación de vacío, de la masturbación, te echo de menos.
traicionóme el entendimiento, díjome tantas mentiras, palabras.
como si tu ventana no emanara olores distintos, otros sabores, como si tu cadera no fuera la cadera de la actriz porno como si tu pelo no tuviera olor a miel como si tu sudor no fuera cálido y triste.
sin detenerme caigo en ti. en tu engaño, en tu rabiosa permanencia.
sigo siendo un adolescente, un pendejo de mierda, una mentira con dos pies y un par de sueños, que no puede evitar confundir las cosas. y las cosas se le revuelven, se le esparcen por las manos, se le esconden tras los dedos. y él con su mirada turbia, con su olor a masturbación, a pubertad tardía.
lo que hace poco tiempo significó una liberación, es hoy promesa, es hoy una ansiedad constante, casi esclavitud, pero de todos modos. y se mezcló, confluyó con tu presencia, con tu inevitabilidad, como las palabras en los dedos se mezclaron, y salió un olor tibio, un olor a sudor y a miel.
y después de todo igual te echo de menos. a pesar de la quietud, a pesar de la sensación de vacío, de la masturbación, te echo de menos.
traicionóme el entendimiento, díjome tantas mentiras, palabras.
como si tu ventana no emanara olores distintos, otros sabores, como si tu cadera no fuera la cadera de la actriz porno como si tu pelo no tuviera olor a miel como si tu sudor no fuera cálido y triste.
sin detenerme caigo en ti. en tu engaño, en tu rabiosa permanencia.
sigo siendo un adolescente, un pendejo de mierda, una mentira con dos pies y un par de sueños, que no puede evitar confundir las cosas. y las cosas se le revuelven, se le esparcen por las manos, se le esconden tras los dedos. y él con su mirada turbia, con su olor a masturbación, a pubertad tardía.
lo que hace poco tiempo significó una liberación, es hoy promesa, es hoy una ansiedad constante, casi esclavitud, pero de todos modos. y se mezcló, confluyó con tu presencia, con tu inevitabilidad, como las palabras en los dedos se mezclaron, y salió un olor tibio, un olor a sudor y a miel.
sábado, julio 14, 2007
mi nueva filosofía de vida.
una vez mi papá me dijo "cuando mirís a un hueon, y lo encontrís admirable, invencible o mejor que tú, piensa que ese hueón igual caga".
los modelos de las revistan cagan, la gente de la tele caga en los comerciales, cervantes dejaba de escribir el quijote porque le daban ganas de cagar, el césar cagaba y ni siquiera existía el papel confort, cagaba adán, cagaba eva, cagaba napoleón, cagaba el che.
todos cagamos, yo cago, tú cagai, tus profesores, tu jefe, las minas ricas, los musculosos del gimnasio, tu suegra, todos cagan.
el papa se levanta la sotana y se sienta en el water.
nadie. nadie es tan bacán que no cague.
y todas las cacas son igual de cochinas y hediondas, ni la caca de jesús huele mejor que la tuya.
los modelos de las revistan cagan, la gente de la tele caga en los comerciales, cervantes dejaba de escribir el quijote porque le daban ganas de cagar, el césar cagaba y ni siquiera existía el papel confort, cagaba adán, cagaba eva, cagaba napoleón, cagaba el che.
todos cagamos, yo cago, tú cagai, tus profesores, tu jefe, las minas ricas, los musculosos del gimnasio, tu suegra, todos cagan.
el papa se levanta la sotana y se sienta en el water.
nadie. nadie es tan bacán que no cague.
y todas las cacas son igual de cochinas y hediondas, ni la caca de jesús huele mejor que la tuya.
de cuando comprar se convirtió en un pasatiempos.
mi mamá me miró y decidió que me hacían falta unas zapatillas.
me dijo que fuéramos a comprar al mall. cuando llegamos yo sabía perfectame por qué estaba en ese lugar de mierda con el aire acondicionado asfixiante. iba con un objetivo, iba a comprar zapatillas.
la demás gente paseaba. paseaba, sí, pasaba el tiempo; pero en vez de árboles y pajaritos habían carteles, maniquíes, marcas, enormes gigantografías de mujeres con labios rojos y tremendas tetas. y al lado caminaba una niña que usaba la misma ropa que la mujer gigante de la foto, que se tiñó el pelo rubio igual que la mina gigante de la foto y que sigue siendo igual de fea, igual de gorda.
y yo ahí, con mis zapatillas nuevas. paseando.
me dijo que fuéramos a comprar al mall. cuando llegamos yo sabía perfectame por qué estaba en ese lugar de mierda con el aire acondicionado asfixiante. iba con un objetivo, iba a comprar zapatillas.
la demás gente paseaba. paseaba, sí, pasaba el tiempo; pero en vez de árboles y pajaritos habían carteles, maniquíes, marcas, enormes gigantografías de mujeres con labios rojos y tremendas tetas. y al lado caminaba una niña que usaba la misma ropa que la mujer gigante de la foto, que se tiñó el pelo rubio igual que la mina gigante de la foto y que sigue siendo igual de fea, igual de gorda.
y yo ahí, con mis zapatillas nuevas. paseando.
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